INTELIGENCIA EMOCIONAL EN TRES AÑOS

INTELIGENCIA EMOCIONAL EN TRES AÑOS

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¿Es posible la Inteligencia Emocional en tres años? Mes y medio podría parecer poco en esas edades, pero es mucho si vivimos el día a día compartiendo, acompañando, enseñando y, sobre todo, sintiendo. ¿Cómo lo vivimos y sentimos? Puedo asegurar, con intensidad, que es una etapa en cual las emociones están tan cotidianamente presentes en la alegría de vernos cada mañana, la tristeza de tener que dejar a mamá (que-se-queda-a-cuidar-al-hermanito/a) o el enfado porque aún cuesta compartir juguetes, materiales de trabajo y, por qué no, compartir los amigos y amigas de este camino que se ha iniciado.

¿Es posible la #inteligenciaemocional en tres años? En mi blog os cuento mi experiencia Clic para tuitear

La verdad es que me siento muy contenta de acompañarlos en esta etapa de Educación Infantil. Es un mundo lleno de magia, de mocos, de lágrimas y de carcajadas. Todo puede pasar en un mismo día. Tengo que sentarme en una silla muy pequeña para poder mirarles y que así encuentren la seguridad y el cariño que han abandonado al dejar a mamá y a papá.

Siendo sincera, y apoyándome en mi experiencia, puedo afirmar  que hay contenidos, determinados por aquellos que dicen saber, que no me preocupan mucho porque prefiero que aprendamos a conocernos, a que nuestras «manos son para acariciar y no para pegar» (repetido una y otra vez). Estoy segurísima de que aprenderán a contar muy bien, a reconocer los números y su nombre, los colores, a orientarse en el espacio, pero apuesto más aún por la Inteligencia Emocional en tres años, por el aprendizaje inicial en el conocimiento de sus emociones, la de nuestros amigos, y que aprendan que, a pesar de sus 60 cm, pueden resolver los conflictos.

La Inteligencia Emocional en tres años es posible

Mes y medio y  día a día, en el rutinario momento asamblea, dedicamos un tiempo a decir cómo nos sentimos. Salvo dos o tres niños, el resto aún no sabe explicar el porqué. Sin embargo, tampoco me preocupa porque han demostrado que conocen muy bien la alegría, la tristeza y el enfado, emociones tan presentes en nuestra jornada.

Además,  estamos jugando, porque el juego no debería abandonarse nunca, ni en primaria ni en niveles superiores. Hemos recibido, a petición mía, más juguetes para el juego simbólico, juegos que nos ayudan en nuestro desarrollo motriz, ya que es importante también acompañar el tan conocido «movimiento de pinza». Me encanta porque lo hacen intentando ensartar bolas de colores en un cordón y tengo previsto el uso de  pinzas de la ropa. Ya llegará el momento en que logren ser más precisos. Ahora, además, de practicar jugando, también clasifican, expresan si es grande, pequeño, amarillo «como mi equipo», y con mi ayuda están siguiendo unos modelos que vienen con el juego para hacer series. Es la importancia de tener una clase reducida, tan solo 14, entre niños y niñas. Cuando son más numerosas, por supuesto, cuesta más repartirse para ayudar.

 

Les ayudo cuando lo necesitan, y lo saben, pero no hago nada que ellos no puedan hacer. No doy de comer en la boca, no fuerzo a un almuerzo obligado, sino que permito que coman lo que deseen, lo que les apetezca, y las familias lo saben. No tiramos lo que sobra en la papelera, porque «Seño, la comida no se tira, porque hay niños que no tienen para comer». Estos mensajes, repetidos en nuestro día a día, van calando, y me hace ilusión que durante toda su etapa de escolarización se repita muchas veces, pero muchas. Esto también es Inteligencia Emocional en tres años.

Mi experiencia me dice que la #inteligenciaemocional en tres años es posible Clic para tuitear

Estar con niños de estas edades requiere mucha paciencia, no tener prisas. Por ejemplo, al llegar dedicamos un tiempo a abotonarnos en baby, y lo hacemos por parejas. El tiempo, en muchos momentos, parece detenerse, como cuando les narro un cuento. El silencio nos invade, y solo se escucha una voz… Es un momento mágico y, además están reforzando algo que hoy en día hasta a los adultos nos cuesta: «escuchar», «no interrumpir». Luego de la escucha, lo cuenta con sus propios lenguajes, que en muchos casos falta desarrollar, pero también «escuchan» lo que dicen sus amigos y amigas. Y otra vez reina la calma, todo parece ser a cámara lenta. Tienen que ordenar el pensamiento, y no es tarea fácil. Lo consiguen, pero requiere de paciencia, la mía en primer lugar. Muchos, cansados de esperar que se digan las frases completas, ayudan a que la renarración o las respuestas a mis preguntas sean las correctas. Esta lentitud en el tiempo, también es educación emocional, y una prueba de que la Inteligencia Emocional en tres años es posible. Por ello, cada vez más, me hago eco de las palabras de Carl Honoré: «Vivir de prisa no es vivir, es sobrevivir» (Elogio de la lentitud). En educación deberíamos parar, pensar y replantearnos lo que sucede en las aulas. Estoy convencida de que, de esta manera, lograríamos aprendizajes consolidados, de esos que no se olvidan en la vida.

Educación Infantil: reforzar algo a los adultos nos cuesta: «escuchar», «no interrumpir» Clic para tuitear

En fin, que el tiempo va pasando y lo vamos disfrutando. Podría contarle muchas más actividades que hemos realizado, como que los viernes está dedicado a experimentar técnicas plásticas con diferentes materiales. Es un gran día, no solo por ser viernes y  llega el fin de semana, sino porque les encanta expresarse con total libertad, experimentar, conocer colores, texturas, descubrir nuevas sensaciones y, por supuesto, las emociones que se despiertan: alegría, curiosidad, sorpresa y dar rienda suelta a la creatividad. Todos ingredientes especiales de la Inteligencia Emocional. En ello también se fundamenta mi labor como docente, además de apoyar las bases de la Neurociencia, que sostiene que el desarrollo del cerebro está íntimamente ligado con el desarrollo emocional.

Curiosidad, sorpresa, rienda suelta a la creatividad, ingredientes de la #inteligenciaemocional Clic para tuitear

Estamos ya casi acabando curso, no sé aún si terminaré con ellos y ellas, pero os aseguro que, cada día un mundo que se despierta ante nuestros ojos. Van ganando en confianza, seguridad y estrechando lazos, no solo entre ellos, sino conmigo. Una vez más puedo afirmar que el aula es el lugar donde realmente encuentro mi esencia.  Puedo ser yo, con todos mis defectos (que ojalá algún inspector en mi larga trayectoria me los hubiese marcado y así mejorar) y con mis virtudes. Día a día nos conocemos un poco más, descubro en ellos la personalidad que se perfila, puedo acompañarles en todo su desarrollo. Todos los aspectos son importantes, pero una vez más, como lo fue la primera vez, allá por los 90, su alfabetización emocional es para mí la protagonista. Ocupa mucho espacio y tiempo. Y quien diga que esto de la Inteligencia Emocional es una moda, que me lo cuente a mí. Le daré mi respuesta.

¡Felices fiestas!

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